Francisco Marques: Psicohipnoterapeuta de orientación Humanista y transpersonal.

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Introducción

La hipnosis clínica ha sido, a lo largo de las últimas décadas, objeto de un interés creciente tanto por parte de profesionales de la salud como del público general. Para algunos, se trata de una herramienta complementaria aplicada en psicología o medicina; para otros, representa un método terapéutico autónomo capaz de acceder a dimensiones profundas de la experiencia humana. [1–8]

En este artículo se propone una reflexión fundamentada sobre el alcance de la hipnosis clínica como práctica centrada en la conciencia, problematizando las lecturas que la confinan a un estatuto meramente instrumental. [5–10,11]

Esta aproximación se dirige tanto a lectores que buscan comprender la diversidad de prácticas existentes (psicólogos, hipnoterapeutas y otros profesionales de la salud), como a clientes que desean clarificar el tipo de intervención que buscan. La distinción entre hipnosis como herramienta e hipnosis como método es, en este contexto, fundamental. [5–9]

 

Hipnosis clínica: entre la tradición y la actualidad

A pesar de su larga historia y de la amplia documentación empírica sobre su eficacia, la hipnosis clínica es con frecuencia presentada, en contextos académicos ligados a la psicología, como una técnica auxiliar sin autonomía conceptual. [5–9,11–15] Esta visión se debe en gran parte a la hegemonía del modelo biomédico y cognitivo-conductual, en el cual la intervención terapéutica se centra predominantemente en pensamientos, creencias, emociones y conductas, entendidos a través del funcionamiento cerebral y de su relación con el entorno. [11–14,16,17]

La evidencia disponible muestra que la hipnosis incrementa la eficacia de distintas terapias psicológicas, en particular en el manejo del dolor crónico y de otros síntomas persistentes. [1–4,12-14,16,17] Metaanálisis y ensayos clínicos han documentado reducciones clínicamente significativas en la intensidad del dolor y en el sufrimiento asociado cuando se integra la hipnosis en programas de tratamiento psicológico y médico. [1–5,12-14,16,17]

Sin embargo, limitar la identidad de la hipnosis a este papel instrumental empobrece su potencial. Desde la perspectiva aquí defendida, tal encuadre reduce el alcance de la hipnoterapia y oscurece su naturaleza más profunda: la posibilidad de trabajar directamente con los contenidos de la conciencia y con las causas subjetivas que sostienen el sufrimiento psicológico. [11,18-25]

Los abordajes exclusivamente patologizantes se revelan insuficientes cuando se trabaja de forma genuinamente centrada en la persona. [11,18–23] La restauración de la salud psicológica y de la homeostasis interna no depende solo de la gestión de síntomas, sino también de la comprensión de las dinámicas internas que los originan. [11,18–20,22-25] Es precisamente en este nivel donde la hipnosis clínica puede demostrar su mayor contribución terapéutica. [1,2,5–9,11,18,20]

 

Autonomía epistémica de la hipnosis

La hipnosis posee precedencia histórica sobre la psicología como ciencia formal, lo que contribuye a su estatuto autónomo. [8,9,15,21,22] Su evolución atraviesa diferentes tradiciones —médicas, filosóficas, espirituales y psicológicas— y dio lugar a metodologías propias, independientes de cualquier modelo único. [11,15,21,22,26,27] Esta transversalidad, desde nuestra perspectiva, la vuelve incompatible con tentativas de apropiación disciplinar estricta.

Entendida como método, la hipnosis no se limita a suprimir síntomas, sino que busca comprender y transformar las causas profundas que los sostienen. [1,2,11,18-20,23] En este sentido, la hipnosis se aproxima a enfoques que trabajan con el significado, la biografía y la dimensión existencial de la experiencia humana, tal como se observa en las terapias de enfoque humanista, existencial y centrado en el significado. [11,20,24,25,28,29] Este movimiento encuentra expresión ejemplar en el trabajo de Milton Erickson, cuyo enfoque dinámico y narrativo abrió el campo a modelos posteriores, incluida la hipnosis transpersonal, marcada por una perspectiva humanista, experiencial y profundamente respetuosa del ritmo de la conciencia. [21,22,26,27,30] La hipnosis transpersonal y otras formas de trabajo con estados modificados de conciencia reflejan esta orientación, integrando dimensiones simbólicas, espirituales y experienciales que no se reducen a modelos puramente conductuales o biomédicos. [21,22,26,27,30]

Cuando se utiliza como método, la hipnosis permite acceder a creencias centrales, patrones emocionales y estructuras simbólicas que influyen directamente en el funcionamiento psicológico. Este nivel de intervención trasciende la dimensión técnica y se aproxima a un diálogo estructurado con la conciencia del paciente. [18-27,30]

 

El papel del hipnoterapeuta: facilitador de la conciencia

En esta perspectiva, el hipnoterapeuta es un facilitador capaz de crear las condiciones necesarias para que la conciencia del cliente revele sus contenidos disfuncionales de forma espontánea y autorregulada. [5,8,9,11] Para ello hace uso de técnicas hipnóticas, pero no se limita a ellas. Su función requiere:

  • apertura fenomenológica,
  • suspensión temporal de presupuestos teóricos rígidos,
  • capacidad de escucha profunda e intuitiva,
  • atención a las manifestaciones simbólicas y preverbales,
  • comprensión interdisciplinar de la condición humana. [11,21,22,26,27,30,31]

La intervención hipnológica no parte de una “tabla rasa”, pero tampoco se encuentra condicionada por modelos cerrados. El terapeuta mantiene una actitud de disponibilidad integral, permitiendo que la experiencia del cliente se manifieste en su totalidad —racional, emocional, simbólica y corporal. [11,18-23,26,27,30]

La calidad de la relación terapéutica, del rapport y de la sintonía consciente entre terapeuta y cliente constituye uno de los principales factores de eficacia de la hipnosis clínica. [5,8,9,11,21] Además, una formación que incluya aportaciones de antropología, filosofía, sociología, estudios espirituales y de la propia historia de la hipnosis amplía la capacidad del terapeuta para comprender la diversidad de expresiones de la conciencia. [11,21,22,26,27,30,31]

 

La complejidad del “setting” hipnológico

El trabajo clínico con hipnosis implica fenómenos que no son totalmente captables por los modelos nosológicos convencionales. Aunque las categorías diagnósticas puedan ofrecer un marco útil, la práctica demuestra que gran parte de los contenidos que emergen en estado hipnótico no encajan de forma rígida en clasificaciones formales. [5,8,9,11-14,32]

La conciencia, cuando se accede a ella en un estado modificado, se presenta a menudo de forma simbólica, metafórica o en imágenes, exigiendo del terapeuta una capacidad interpretativa sutil y culturalmente informada. [11,21,22,26,27,30,31,33] Relatos clínicos describen experiencias de insight intenso, reorganizaciones espontáneas de significado o manifestaciones subjetivas que, aunque difíciles de clasificar según criterios estrictamente biomédicos, presentan relevancia terapéutica evidenciada por la evolución del paciente. [1,2,5,11,18-20,23] Estos fenómenos, a veces denominados «no convencionales», forman parte integrante de muchas tradiciones hipnológicas y no deben interpretarse automáticamente como patología. [5,8,9,11,15,21,22,26,27,30]

En el campo del duelo, por ejemplo, la hipnosis se ha utilizado tanto para trabajar con niños y adultos en situaciones de pérdida traumática, como para facilitar procesos de integración simbólica del vínculo con el fallecido. [11,31,34,35,36–38] Estudios de caso y series clínicas ilustran cómo los estados hipnóticos permiten acceder a contenidos emocionales complejos, facilitando la expresión segura del dolor y la reconfiguración del vínculo interno con la persona perdida. [11,31,34-39]

Uno de los elementos diferenciadores de la hipnosis como método es precisamente su capacidad para movilizar recursos internos profundos, favoreciendo reorganizaciones terapéuticas que se prolongan más allá del espacio clínico. [1,2,5,11,18-20,23] El proceso hipnótico no termina con la sesión; continúa operando en la vida subjetiva del cliente, otorgándole plasticidad emocional y cognitiva. [11,18-20,22,23]

 

Paradigmas terapéuticos contemporáneos: un análisis crítico

En los contextos académicos de la psicología y de la medicina se observa a menudo una preferencia por modelos terapéuticos que se ajustan al paradigma científico dominante. Las terapias cognitivo-conductuales (TCC) se han convertido, por este motivo, en el estándar recomendado en varias directrices profesionales. [12-14,16,17] Revisiones sistemáticas y metaanálisis indican que las terapias psicológicas para el dolor crónico, incluyendo TCC y abordajes relacionados, presentan beneficios clínicos, pero generalmente con tamaños de efecto pequeños a moderados. [12-14,16,17]

En muchos contextos, la hipnosis se integra en la TCC como técnica auxiliar, siendo presentada como potenciadora de la eficacia cognitivo-conductual. [1–4,5,7,11-14,16-20] Aunque esta combinación muestra resultados positivos, especialmente en la modulación del dolor y de la ansiedad, la intervención se mantiene centrada, en estos casos, en el control sintomatológico, sin abordar necesariamente las causas internas que originan el sufrimiento. [11,18-20,23-25]

Además, cuando la hipnosis se incorpora dentro de otro modelo, su papel tiende a ser secundarizado; los resultados alcanzados se atribuyen a menudo al modelo dominante y no a la intervención hipnótica en sí. Esto refleja un fenómeno epistemológico más amplio: aquello que se ajusta al paradigma vigente es legitimado, mientras que lo que lo trasciende tiende a ser marginalizado. [40]

 

Limitaciones del modelo de evidencia convencional

Los métodos tradicionales de investigación empírica —ensayos controlados aleatorizados, protocolos altamente estandarizados, seguimientos breves— no captan la complejidad real de la hipnosis clínica. [5–9,11-14,16,17] El “setting” hipnológico implica variables relacionales, simbólicas y fenomenológicas que difícilmente se pueden replicar en contextos experimentales muy controlados.

Gran parte de los estudios empíricos existentes es correlacional y se centra en variables de resultado relativamente simples, como intensidad de dolor o puntuaciones de ansiedad. [1–4,11-14,16,17,32] Esto crea limitaciones significativas para la comprensión del proceso terapéutico. Para quienes practican hipnosis a un nivel profundo, la comprensión de las causas —subjetivas, biográficas y simbólicas— es central para la intervención. [11,18-25] No sorprende, por tanto, que los resultados obtenidos en contextos experimentales controlados no reflejen la riqueza de la práctica clínica. La ciencia, al trabajar con fenómenos complejos y de difícil replicación —como ocurre en la física de partículas o en los estudios contemporáneos de la conciencia— ha ido adaptando metodologías para abordar objetos de estudio no lineales. La hipnosis clínica se beneficiaría de un movimiento semejante. [5–9,11,21,22,26,27,30]

En paralelo, la literatura sobre estados modificados de conciencia inducidos por prácticas mente-cuerpo sugiere que dichos estados pueden desempeñar un papel relevante en la salud mental, en particular cuando se integran en contextos terapéuticos estructurados. [3,11,30,41]

La crítica aquí no se dirige al método científico, sino al uso restrictivo del mismo. El cientificismo —la creencia dogmática de que solo un método es válido— es, por tanto, un obstáculo para la comprensión plena de la hipnosis. Un paradigma que ignora variables subjetivas, simbólicas y relacionales corre el riesgo de reducir la complejidad de la experiencia humana a un conjunto de marcadores operativos. [11,21,22,26,27,31,41]

 

La psicología en la encrucijada

La psicología moderna enfrenta desafíos internos relacionados con la fragmentación de su corpus teórico y con la hegemonía de abordajes biomédicos y cognitivo-conductuales. [12-14,16,17,32] Aunque estas aproximaciones tengan relevancia y utilidad, su predominio conduce con frecuencia al olvido de tradiciones fundamentales como:

  • la psicología dinámica,
  • la psicología analítica,
  • las terapias narrativas y existenciales,
  • la psicología humanista y la psicología transpersonal. [11,20-22,24-27,30]

Estas tradiciones siguen vivas y se aplican en la hipnosis clínica, sobre todo entre terapeutas eclécticos que eligen abordajes ajustados a las necesidades específicas de cada cliente. [5,8,9,11,21,22,26,30]

El esfuerzo de la psicología contemporánea por afirmar su “cientificidad” la aproxima cada vez más a la medicina; sin embargo, este movimiento, al buscar legitimación externa, corre el riesgo de desvalorizar la complejidad interna de la disciplina. La lucha por el reconocimiento dentro de los sistemas de salud es semejante a la lucha de la propia hipnosis para ver reconocido su potencial terapéutico. [5–9,11,15,32]

Paradójicamente, muchas de las técnicas hoy incorporadas en terapias de tercera generación —como la atención plena, la visualización guiada, la imaginería simbólica y distintas formas de aceptación experiencial— tienen raíces profundas en la historia de la hipnosis y en tradiciones filosóficas y espirituales milenarias. [11,15,20-22,24-30]

Existe, por tanto, un desfase entre la genealogía real de las técnicas y la narrativa académica dominante. Reconocer esa genealogía sería no solo un acto de rigor histórico, sino también una forma de integrar la hipnosis en sus contextos epistemológicos propios. [11,15,21,22,26,27,30]

 

El terapeuta de la conciencia: competencias y fundamentos

La expresión “terapeuta de la conciencia”, frecuentemente atribuida al hipnoterapeuta que trabaja con la hipnosis como método, exige clarificación conceptual. Lejos de constituir una mera metáfora, se trata de un encuadre epistemológico que describe al profesional capaz de operar en los diferentes modos de expresión de la conciencia humana —cognitivos, emocionales, simbólicos, somáticos, relacionales y espirituales— sin reducir esa complejidad a explicaciones exclusivamente fisiológicas o conductuales. [11,20-22,24,25,26,27,30,31,41]

La formación necesaria para ejercer esta práctica supera el dominio estricto de la psicología o de la medicina. Aunque el conocimiento en estas áreas sea fundamental, no es suficiente. El trabajo clínico con estados modificados de conciencia requiere:

  • formación interdisciplinar (antropología, filosofía, sociología, estudios culturales y espirituales). [11,21,22,26,27,30,31,41]
  • competencia fenomenológica en la escucha e interpretación de las vivencias. [11,21,22,26,27,30,41]
  • capacidad para reconocer contenidos simbólicos, imagéticos y arquetípicos, tal como describe la psicología analítica. [11,21,30,41]
  • apertura a lo inesperado y flexibilidad para dialogar con manifestaciones no lineales de la experiencia. [11,21,22,26,27,30]
  • sensibilidad ética y discernimiento clínico,
  • uso con criterio de las propias percepciones e intuiciones, anclado en una sólida formación práctica. [5,8,9,11,21,22]

La conciencia se manifiesta, en estado hipnótico, de formas que desafían con frecuencia los modelos convencionales. Esto no significa que tales fenómenos sean necesariamente “paranormales” o mejor dicho «supranormales», significa que su encuadre exige categorías interpretativas más amplias que las presentes habitualmente en el modelo biomédico. [11,21,22,26,27,30,31,41] El terapeuta de la conciencia no intenta imponer narrativas externas, sino que crea condiciones para que el propio sujeto acceda a los contenidos que sostienen su sufrimiento. Preguntas dirigidas a la conciencia —tal como se expresa en el estado modificado— pueden revelar causas que no emergerían a través de abordajes exclusivamente racionales o discursivos. [1,2,18-27,30]

 

Contribución de las humanidades y de las tradiciones filosóficas

Gran parte de las psicoterapias contemporáneas tiene raíces filosóficas profundas. Tradiciones como el estoicismo, el budismo, el existencialismo o el neoplatonismo ofrecieron, a lo largo de los siglos, modelos sofisticados de comprensión de la mente, de la ética y de la experiencia subjetiva. [15,20,24-29,41]

Muchas de estas ideas se encuentran presentes, aunque de forma implícita, en modelos terapéuticos modernos:

  • la TCC retoma principios estoicos y cognitivos sobre la interpretación de los acontecimientos. [14,16,17]
  • la terapia de aceptación y compromiso y las intervenciones basadas en mindfulness integran elementos de aceptación y observación no enjuiciadora de la experiencia. [16,17,24,25]
  • la terapia existencial, la Gestalt y las intervenciones centradas en el significado se inspiran directamente en reflexiones filosóficas sobre fenomenología, sentido, libertad y responsabilidad. [20,24,25,28,29]

La hipnosis, cuando se comprende como método, se aproxima a esta perspectiva en la medida en que permite trabajar directamente con el sentido, la identidad y los conflictos profundos del self. [1,2,11,18-21,23-27]

Desde este ángulo, no sustituye a la psicoterapia ni se coloca por encima de ella; antes bien, constituye una vía específica de trabajo clínico que puede integrar distintas tradiciones psicoterapéuticas sin reducirse a ninguna. [5,8,9,11,20] Se debe, además, a Bernheim, hipnoterapeuta clínico de la escuela de Nancy, la creación del término «psicoterapia» para designar el trabajo clínico con hipnosis, mucho antes de que la psicología se afirmara como ciencia. [15]

 

Hipnosis, espiritualidad y conocimiento ancestral

A lo largo de la historia, los estados modificados de conciencia estuvieron presentes en prácticas religiosas, espirituales y culturales de numerosas civilizaciones. La meditación, el trance, la oración repetitiva, el canto rítmico y las prácticas de imaginería simbólica son, esencialmente, formas de modulación de la conciencia. [3,11,15,21,22,26,27,30,41]

Muchas de estas técnicas fueron posteriormente incorporadas en abordajes modernos y representadas como innovaciones terapéuticas. El «mindfulness científico», por ejemplo, es una práctica budista milenaria reclasificada como estrategia cognitivo-conductual. La «acupuntura neurofuncional o médica» es otro caso: a menudo se describe como un avance conceptual, a pesar de basarse en los mismos principios de la acupuntura tradicional revestidos de un lenguaje biofuncional. Este fenómeno no invalida el valor de los nuevos abordajes, pero revela una tendencia histórica a reempaquetar conocimientos antiguos bajo nuevas nomenclaturas, en ocasiones sin reconocer sus genealogías.

En el ámbito de la salud, investigaciones recientes han subrayado el papel de la espiritualidad y de las creencias religiosas en la manera en que las personas interpretan el dolor, el sufrimiento y la enfermedad crónica. [28,29,33,34,42,43] Estudios sobre dolor crónico muestran asociaciones significativas entre espiritualidad, estrategias de afrontamiento y funcionamiento psicológico, con efectos que pueden ser protectores o, en ciertos contextos, generadores de culpa y estigma. [28,29,33,42,43]

La hipnosis clínica, a lo largo de su historia, ha dialogado con estos saberes. Su complejidad conceptual no se agota en la psicología moderna: implica contribuciones transdisciplinares que ayudan a comprender la experiencia humana más allá del plano cognitivo. [21,22,26-28,30,31,33,43]

 

Dimensión sociocultural de la conciencia

La literatura reciente ha enfatizado el papel de los factores socioculturales, económicos y ambientales en la formación del sufrimiento psicológico. [11,32-39,42-44] La conciencia humana no es un fenómeno aislado; se manifiesta en relación constante con el entorno. Esta perspectiva ya está presente en reflexiones clásicas sobre el malestar en la cultura y se ve reforzada por la idea de que “el ser humano es él y su circunstancia”. [1,2,7,44,45]

La práctica hipnológica no puede ignorar las circunstancias que moldean al sujeto —desde la estructura familiar y sociocultural hasta el contexto histórico, espiritual y simbólico. [11,32-39,42-45] El trabajo terapéutico con la conciencia debe integrar todas estas dimensiones, reconociendo que la subjetividad se construye siempre en relación con el mundo. [20-22,31-34,36-38,42-45]

 

Complejidad y responsabilidad en el trabajo con la conciencia

Ser terapeuta de la conciencia implica más que disponer de técnicas o de títulos académicos. Implica cultivar:

  • sabiduría práctica,
  • disponibilidad interna,
  • capacidad de autorreflexión,
  • interrogación constante sobre el propio método,
  • humildad epistemológica,
  • coraje para lidiar con lo inesperado,
  • respeto por la singularidad irrepetible de cada paciente. [11,21,22,26,27,31]

La clínica de la conciencia es, simultáneamente, clínica del sujeto y clínica del propio terapeuta, que se transforma al acompañar la transformación del otro.

[11,21,22,25,26,27,31] Esta intersubjetividad es uno de los elementos más profundos del trabajo hipnológico y constituye una de sus singularidades epistemológicas. [5,8,9,11,21,22,26,27,30]

 

El potencial terapéutico de la conciencia en la hipnosis clínica

Cuando se comprende como método y no solo como técnica complementaria, la hipnosis clínica revela un potencial terapéutico que supera los límites de muchos abordajes psicoterapéuticos convencionales. [1–9,12-14,16,17,32] Esto no se debe a ninguna propiedad “mística” de la hipnosis, sino a su capacidad para facilitar el acceso a contenidos profundos de la conciencia y para movilizar procesos espontáneos de reorganización interna. [1,2,11,24,25,41]

La salud, tal como la concibe Gadamer, es una disposición fundamental de la persona.[22] No es algo que el terapeuta “opera” directamente, sino algo que emerge de la capacidad natural del organismo para reequilibrarse. La hipnosis, al profundizar el contacto con los estados internos del sujeto, actúa precisamente sobre esta dinámica autorreguladora de la conciencia. [11,18-21,23,25-27,41]

Durante el trance hipnótico, el sujeto puede acceder a memorias, emociones, patrones simbólicamente estructurados y significados existenciales que no se encuentran inmediatamente disponibles en estados ordinarios de conciencia. [11,18-22,23,26,27,30,41] Este acceso no implica una “regresión literal” ni la reproducción factual de eventos; implica, más bien, la reconstrucción experiencial de contenidos que organizan la vida interna. [1,2,11,18-21,23,24-27,41]

La capacidad de trabajar sobre tales contenidos permite:

  • clarificar causas subjetivas del sufrimiento,
  • resignificar experiencias biográficas,
  • disolver patrones emocionales profundamente arraigados,
  • integrar contenidos disociados,
  • promover una organización simbólica coherente,
  • facilitar cambios duraderos en el funcionamiento psicológico. [18-25]

La eficacia terapéutica de la hipnosis resulta, por tanto, de la interacción entre procesos de sugestión, disponibilidad interna, imaginería, simbolización y autorregulación fisiopsicológica. [1–4,5,11-14,16-28,43]

 

Más allá de la modulación sintomática

Gran parte de las intervenciones psicológicas contemporáneas se concentra en la modulación sintomática —reducción de la ansiedad, disminución del dolor, control de la rumiación, regulación del estado de ánimo. [12-14,16,17] Estas intervenciones son valiosas y, en muchos casos, esenciales. Sin embargo, no abordan necesariamente las causas que sostienen tales síntomas. [11,18-25]

La hipnosis clínica, cuando se utiliza como método, puede actuar en ambos niveles:

  1. Modulación de los síntomas (a través de sugestión, relajación, imaginería guiada, analgesia hipnótica, etc.) [1–4,5,12-14,16,17]
  2. Reestructuración de las causas internas, actuando en el nivel profundo de la conciencia, donde se organizan las narrativas centrales de la identidad y de la experiencia. [11,18-22,23,24,25]

Esta segunda dimensión es particularmente relevante en casos de trauma, dolor crónico, duelo complicado, trastornos disociativos, perturbaciones de ansiedad complejas y sufrimiento existencial. [1,2,5,11-14,16,17,20,23-25,28,29,31,33-39,42,43]

 

Hipnosis clínica y la cuestión de la causalidad

Una de las críticas recurrentes a la hipnosis se refiere al modelo de evidencia científica disponible, con frecuencia basado en correlaciones y medidas de corto plazo. [1–4,5–9,11-14,16,17,32] Sin embargo, cuando se aplica como método, la hipnosis opera en un paradigma distinto, más próximo a las ciencias fenomenológicas y a los estudios de la conciencia que a ciertos enfoques experimentales tradicionales. [11,21,22,26,27,30,31]

La clínica hipnológica muestra que:

  • los síntomas son con frecuencia expresiones de causas subjetivas,
  • la conciencia utiliza metáforas, simbolismos e imágenes para comunicar disfunciones internas [11,21,41,44],
  • el cambio terapéutico duradero requiere identificar el origen del problema, [1,2,11,18-25]
  • y la literatura biomédica, centrada en la fisiología y en la conducta observable, no siempre consigue traducir esta complejidad. [12-14,16,17,22,32]

La causalidad en hipnosis no es lineal; es narrativa, simbólica, experiencial y, simultáneamente, biográfica y fenomenológica. [1,2,11,18-21,23,24,25] Trabajar directamente con estas dimensiones permite resultados que superan el mero alivio inmediato de los síntomas y favorecen transformaciones clínicas más profundas. [1,2,5,7,11-14,16,17,20,23,41]

 

Hipnosis clínica como campo de desarrollo continuo

Como cuerpo de conocimiento, la hipnosis clínica continúa evolucionando. Su historia demuestra una notable capacidad de adaptación, integrando contribuciones procedentes de diversas disciplinas: psicología, medicina, fenomenología, neurociencias, espiritualidad comparada y filosofías del self. [1–9,11,15,20,21,23-27,30-32,41,43,44]

En la actualidad, la hipnosis se encuentra especialmente bien posicionada para responder a desafíos contemporáneos como:

  • el aumento del dolor crónico y de los síndromes de sufrimiento persistente, [1–4,5,11-14,16,17,20,23,28,29,32-34,42,43]
  • el sufrimiento existencial asociado a crisis de sentido, [11,20,23-25,28,29]
  • la intensificación de problemas emocionales derivados de factores socioculturales y espirituales, [11,28-30,32-39,42,43]
  • la necesidad de abordajes terapéuticos más integrativos, centrados en la persona, [11,20-27,30-32,43]
  • y el reconocimiento del papel de la conciencia en la salud y en la enfermedad. [11,20-27,30-32,41,43]

Un trabajo estructurado sobre estos estados permite:

  • explorar contenidos inaccesibles en estados ordinarios de conciencia [1,2,11,41],
  • favorecer reorganizaciones espontáneas,
  • movilizar recursos internos,
  • integrar experiencias fragmentadas,
  • y promover resiliencia psicológica. [11,18-27,30,41,43]

La amplitud de estas posibilidades confirma la relevancia de comprender la hipnosis no solo como técnica auxiliar, sino como método terapéutico pleno. [11,18-21,23-27,30,43]

Los estados modificados de conciencia —cuando están bien acompañados— ofrecen un conjunto de posibilidades clínicas difícilmente equiparables a otras modalidades terapéuticas. [1–3,5,18-22,24-27,30,43]

 

Entre técnica y método: una síntesis necesaria

A partir del análisis desarrollado, se vuelve evidente que la distinción entre hipnosis como herramienta e hipnosis como método es más que una cuestión terminológica: se trata de una diferencia epistemológica y clínica sustancial. [5,8,9,11,15,20-22,26,27,30]

Cuando se utiliza como herramienta, la hipnosis se integra en modelos terapéuticos preexistentes, con el objetivo de aumentar la eficacia de abordajes convencionales. Sus efectos se miden entonces principalmente en términos de:

  • reducción de síntomas,
  • refuerzo de la motivación para el cambio,
  • facilitación del aprendizaje cognitivo,
  • modulación fisiológica. [1–4,5,12-14,16,17]

Este uso es legítimo y clínicamente valioso.

Cuando se comprende como método, sin embargo, la hipnosis estructura todo el proceso terapéutico a partir de la conciencia —de sus capas simbólicas, de su organización funcional y de su potencial autorregulador. [11,18-27,41] En esta perspectiva, el foco no se limita a gestionar síntomas, sino a comprender y transformar los patrones internos que les dan origen.

El método hipnológico implica:

  • atención a las causas y no solo a las expresiones superficiales del sufrimiento,
  • apertura al lenguaje propio de la conciencia, que se manifiesta de forma simbólica, imagética y experiencial,
  • reconocimiento de que el cambio profundo emerge muchas veces de reorganizaciones internas que tienen lugar más allá del discurso racional,
  • comprensión de que cada proceso terapéutico es singular, no replicable e irrepetible. [11,18-27,30]

Así, la hipnosis como método no «sustituye» a otras terapias, sino que constituye un marco autónomo capaz de integrarlas cuando es necesario, sin dejarse reducir a ninguna. [11,18-21,23-27,30]

 

Competencias centrales del hipnoterapeuta-método

La práctica hipnológica exige un conjunto de competencias avanzadas que trasciende la mera ejecución de técnicas. El profesional que opera a través de la conciencia debe cultivar:

Competencias relacionales

  • empatía profunda,
  • presencia clínica estable,
  • rapport consciente,
  • capacidad de corregulación emocional. [5,8,9,11,21,22]

Competencias fenomenológicas

  • escucha no interpretativa,
  • atención a microexpresiones emocionales y corporales,
  • lectura simbólica y metafórica de los contenidos emergentes,
  • flexibilidad interpretativa sin proyección teórica excesiva. [11,21,22,26,27,30,31]

Competencias epistemológicas

  • capacidad de suspender presupuestos rígidos,
  • apertura a lo desconocido y a lo inesperado,
  • discernimiento ético y crítico,
  • comprensión de las limitaciones de los modelos exclusivamente biomédicos. [11,21,22,26,27,31,32]

Competencias técnicas

  • dominio de la sugestión y de los estados modificados de conciencia,
  • capacidad de facilitar reorganizaciones internas profundas,
  • conocimiento avanzado de las dinámicas de trauma, dolor y disociación. [1,2,5–9,11-14,16,17,20,23,32,41]

Estas competencias no están garantizadas por la posesión de un título académico, sino que se desarrollan por medio de la práctica continua, la supervisión cualificada, la madurez personal y la reflexión ética permanente. [11,21,22,24-27,31,32]

 

Conciencia, interacción y transformación

Uno de los aspectos más singulares de la hipnosis como método es la forma en que moviliza la intersubjetividad terapéutica. El proceso no implica solo al paciente: implica la relación viva entre terapeuta y cliente, donde significados son co-construidos y reorganizados. [11,20-22,24-27,30,31]

Durante el trance, el terapeuta:

  • acompaña al sujeto sin dirigirlo,
  • facilita procesos internos sin forzarlos,
  • reconoce que el cambio profundo emerge de la propia conciencia del cliente,
  • utiliza su presencia como instrumento terapéutico. [5,8,9,11,21,26,27,30]

La transformación ocurre cuando el sujeto, en un estado de apertura y seguridad, se confronta con contenidos hasta entonces inaccesibles y encuentra nuevas formas de reorganización. Se trata de un proceso intrínsecamente activo y autorregulado, y no pasivo o meramente heterosugestivo. [1,2,5,11,18-21,23-25]

 

La hipnosis como camino terapéutico

La práctica hipnológica, entendida como método, se integra en una amplia tradición de trabajo con la conciencia presente en diversas culturas y periodos históricos. Se convierte, así, en algo más que un conjunto de técnicas: en un camino terapéutico que articula ciencia, experiencia y comprensión profunda de la condición humana. [1,2,11,15,20-27,30-32,43]

Cuando se utiliza con rigor, la hipnosis:

  • respeta la complejidad del sujeto,
  • evita reduccionismos,
  • es sensible a las dimensiones culturales, espirituales y existenciales,
  • promueve una comprensión integrada del sufrimiento,
  • facilita procesos genuinos de curación psicológica y emocional. [11,20-28,31-39,42,43]

 

Conclusión: la hipnosis clínica como método de trabajo con la conciencia

La reflexión desarrollada a lo largo de este artículo permite sostener que la hipnosis clínica no debe entenderse solo como una técnica complementaria integrada en modelos terapéuticos dominantes. Aunque desempeñe, en estos contextos, un papel relevante y empíricamente validado, [1–9,12-14,16,17,32] su alcance supera ampliamente la esfera instrumental. [18-27,30,32,43]

Cuando se utiliza como método, la hipnosis clínica se presenta como una vía estructurada de acceso a la conciencia y a sus múltiples capas de expresión. A través de este enfoque es posible:

  • explorar las causas profundas que sostienen el sufrimiento psicológico,
  • resignificar experiencias biográficas y simbólicas,
  • reorganizar patrones emocionales y cognitivos,
  • integrar contenidos disociados,
  • movilizar recursos internos orientados a la curación y al desarrollo personal. [1,2,11,18-27,30,32,41,43]

Este trabajo no es meramente sintomático. Es ontológico: implica la forma en que el sujeto se comprende, se narra y se relaciona consigo mismo y con el mundo. [11,20,22-27,30-32,41,43,45]

 

Conciencia como núcleo operativo de la hipnosis clínica

La hipnosis clínica, entendida desde esta perspectiva, no se limita a inducir estados alterados de conciencia. Opera dentro de un paradigma en el que la conciencia es, al mismo tiempo, el medio, el campo, el instrumento y el objeto de la intervención. [11,18-22,24-30,41,45]

Esta centralidad de la conciencia confiere a la hipnosis una singularidad clínica que no encuentra paralelo en abordajes exclusivamente cognitivo-conductuales o biomédicos.[11] Los contenidos que emergen en estado hipnótico —sean memorias autobiográficas, metáforas, imágenes, emociones o epifanías— no son accesorios, sino vehículos a través de los cuales la mente organiza significado y reconfigura sus experiencias. [1,2,11,18-22,24-27,30,41]

Trabajar terapéuticamente con estas expresiones requiere sensibilidad, competencia fenomenológica y formación interdisciplinar. [11,21,22,26,27,30,31] El terapeuta de la conciencia no se limita a aplicar técnicas: facilita la emergencia de procesos internos que la propia persona, en un ambiente de seguridad y confianza, puede reconocer, integrar y transformar. [11,18-21,23-27]

 

La hipnosis en el contexto de la práctica clínica contemporánea

En un contexto de creciente prevalencia de dolor crónico, trastornos de ansiedad, duelo complejo, sufrimiento existencial y trastornos relacionados con el estrés, la hipnosis clínica surge como una aproximación particularmente adaptada a las exigencias contemporáneas. [1–4,11-14,16,17,20,23,28,29,32-34,42,43]

Los sistemas de salud podrían beneficiarse de su integración estructurada, dada su seguridad, su potencial para reducir costes, su versatilidad y su eficacia em casos resistentes a abordajes convencionales. [1–5,7,8,11-14,16,17,20,23,32,28,29,42,43]. Los estudios de eficacia en dolor crónico, trauma y sufrimiento complejo indican que la hipnosis puede actuar como un componente central o complementario en programas integrativos, con beneficios clínicamente relevantes y costes a menudo relativamente bajos. [1–4,5–8,11-14,16,17,20,23,28,29,42,43]

No obstante, la integración plena de la hipnosis depende del reconocimiento de su especificidad epistemológica. Reducirla a una técnica empobrece la comprensión de aquello que hace eficaz la intervención hipnológica: la capacidad de intervenir en la conciencia como campo dinámico y estructurante de la experiencia humana. [11,18-22,24-27,30,45]

 

Una perspectiva para el futuro

La hipnosis clínica se encuentra hoy en una encrucijada semejante a la que la psicología ha enfrentado en distintos momentos de su historia. [41,42] Por un lado, existe una presión institucional para presentar la hipnosis como técnica de aplicación estandarizada, fácilmente operacionalizable en protocolos rígidos. Por otro lado, existe un camino más exigente —pero también más fiel a su naturaleza— que consiste en afirmarla como método autónomo, con lugar propio en el panorama de las aproximaciones terapéuticas basadas en la conciencia. [5,8,9,11,18-22,24-27,30,41,45]

La elección entre estas dos vías no es apenas técnica, sino profundamente epistemológica. Si la hipnosis se limita a aquello que es fácilmente cuantificable, corre el riesgo de perder la riqueza que la caracteriza desde su origen. Si, por el contrario, asume la complejidad de su objeto de estudio —la conciencia— podrá contribuir de forma decisiva a la renovación de las ciencias psicológicas y a una comprensión más amplia e integrada del sufrimiento humano. [11,20-27,30,32,41,43,45]

 

Síntesis final

La hipnosis clínica se sitúa entre la técnica y el método, pero es en el dominio metodológico donde revela toda su potencia. [11,18-22,24-27,30,45] Como técnica, es útil; como método, es transformadora. Su contribución para la salud humana no reside apenas en la capacidad de aliviar síntomas, sino sobre todo en permitir que el sujeto acceda a los procesos internos que configuran su experiencia y encuentre, a partir de ellos, caminos propios de reorganización y curación. [11,18-27,30,32,41,43,45]

Así entendida, la hipnosis no es solo una herramienta terapéutica. Es una vía de trabajo con la conciencia, profundamente enraizada en la tradición humana de comprender la mente, el sufrimiento y el potencial de transformación interior. [1,2,11,20-28,30,32,41,43,45].

 

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